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El bucear
todos los días en Jardines de la Reina, Cuba;
Gualberto y Noel han podido conocer en parte el comportamiento
de cierta fauna; en algunas especies en particular hasta
de forma individual, como es el caso de morenas, chernas
y tiburones sedosos. Mientras nos quitábamos
el equipo después de un inolvidable buceo, un
sonido procedente del espejo del agua, me llamó
la atención: Noel flotando daba fuertes golpes
en el agua con la palma de la mano abierta. ¡Era
el momento! Así que rápidamente nos sentamos
en la borda de la proa, tal como si estuviéramos
en las gradas de un rodeo.
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De inmediato
llegaron a mi mente imágenes de vaqueros, en
donde con diversos trucos, atraían a los caballos
salvajes, que no dejaban que nadie los montara, evitando
así ser domesticados; sólo algunos vaqueros
se atrevían, ya que tenían pleno conocimiento
de su comportamiento y estaban especializados en la
doma de esos potros; a los que después de algún
tiempo de interactuar con ellos, se convertían,
en uno de sus mejores amigos. |
Otro golpe en espejo del agua...
de inmediato salgo de mis pensamientos y pongo más
atención en lo que estaba sucediendo. Algunas sombras
gris plateadas se acercaban con gran cautela permaneciendo
a algunos metros de profundidad y otras más confiadas,
alcanzaban a surcar el espejo del agua, sacando la punta ligeramente
redondeada, característica de su primer aleta dorsal,
cual si fuera el periscopio de un submarino rompiendo el espejo
del agua
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Solo
faltaba la silla de montar.- De inmediato el
intrépido vaquero marino, con un rápido
movimiento alcanza dicha sombra y agarrando el lóbulo
de su aleta caudal con gran seguridad y firmeza, la
dobla ligeramente, lo que causa en el pez un cierto
estado de aletargamiento, permitiendo en este momento
que el domador realice una serie de suertes.
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Primero lo monta como si estuviera
listo para la doma de aquel potro escuálido indomable;
posteriormente imitando un saludo al estilo del vaquero, se
lo pone de sombrero; después lo agarra del hocico poniéndolo
totalmente vertical y de cabeza; así continúa
el espectáculo casi circense hasta que se lo acerca
lo suficiente para darle un abrazo y soltarlo. Como si estuviera
esperando esta muestra de amistad y cariño, de inmediato
el tiburón sedoso o silky Carcharinus falciformis,
sale de ese estado de sopor y se retira nadando tranquilamente
con un ligero movimiento ondulante de su cuerpo. Contra toda
creencia de que se alejaría, el tiburón se mantenía
a corta distancia para que en el momento de volver a ser invitado
para el rodeo, éste, presuroso se acercara realizando
pases de cerca para que se pudiera repetir nuevamente el mismo
espectáculo, dándome a entender que antes de
sentir alguna agresión les atrae dicho juego. Claro
esta que con quien interactúa, es con personas que
al igual que los vaqueros del oeste, además de conocer
al animal, tienen la práctica y temple para que sus
acciones sean rápidas, firmes y sin indecisiones.
El hecho de saber que alguien realiza esta forma de interacción
con ciertos tiburones, no quiere decir que cualquier buzo
lo pueda realizar, cuando quiera y con cualquiera.
Así que si quieres ser un espectador directo penetrando
al mundo del sedoso y conocer de este comportamiento tan especial,
no dejes de visitar esta maravilla natural contemporánea.
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