Cerré los ojos por
un momento, y fue allí cuando vi mi vida en diversos
fragmentos; lo bueno y lo malo, del arte de crecer en mis
recuerdos me gritaban fuertemente: la vida es una sola, vívela...
medité esa realidad unos segundos...
De repente, pude experimentar el sabor de la libertad, de
mi propia libertad. Y fue allí cuando comprendí,
que si no logras entender que lo único que nos llevamos
de éste mundo, es lo que se vive tal vez en un viaje;
lo que se vive con el amor de tu vida; lo que se vive con
tu familia; lo que se vive con tus sueños, palpándolos
y haciéndolos realidad. Comprendí que si no
logras entender y practicar todo ello, es en vano seguir respirando,
porque realmente nunca naciste.
Dejé atrás los
deseos materiales, dije: esperarán... me sentí
dichosa de ello por ser ésta, una facultad que no muchos
gozan. Y me sumergí en un mundo completamente maravilloso,
aquel mundo tan peculiar “El de tener hermosas experiencias
que contar”...
Me zambullí nuevamente,
pero esta vez en el mar, anteriormente pude apreciar a mi
alrededor mientras el barco se alejaba de la costa, de aquella
arena totalmente blanca como la pureza misma; pude apreciar
una vez más, lo privilegiada que me sentía de
contemplar la vida de esta forma tan natural..
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Buceé junto a enormes pedazos de corales,
junto a innumerables especies de peces; pero sin embargo,
no pude alejar la tristeza ni por un segundo, aquella
tristeza de la sensibilidad que a veces poseo, pues
tenía tristeza de ver a ese suelo tan descuidado
por los de mi propia especie, que hasta tuve ganas
de llorar, y es que no entendía porque somos
a veces tan malos con nuestro magnífico entorno
y no lo cuidamos. Concluí al final, con que
sólo espero tengamos más conciencia
de la ecología en general, y no quise ahondar
más...
Días después, llegamos a Belice. Expresiones
de, ¡No lo puedo creer! Resonaban todo el tiempo
en mi mente transmitidas por mi visión. Ante
mí ese paraíso, que me seducía
todo el tiempo y que me hacía sentir tremendamente
conquistada por él. Día tras día,
sentía que mi cuerpo era parte del mar; buceos
tras buceos, alegrías tras alegrías,
libertad tras libertad, vuelos tras vuelos, felicidad
tras felicidad. Es como puedo yo explicar: Bucear...
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| Mientras
me acercaba a la profundidad que deseaba, podía
escuchar las burbujas de silencio en ese completo desierto
de los ruidos, y no podía rechazar su invitación
a sentirme una vez más parte de él. Me
cautivaba esa paz, esos corales de fuertes colores,
esa vida acuática tan mágica, ese azul
tan intenso que me llamaba cada vez más...
Tiburones gata de gran tamaño
se agruparon junto a mí, cuando decidí
darles de comer con la mano, parecían cachorros
hambrientos e indefensos, entendiendo las ganas que
tenía de acariciarlos, de compartir un momento
que sin duda quedará en mis más profundos
recuerdos; me entregaron lo mejor de ellos, y me contagiaron
alegría al azar... |
Blue
Hole.- Cualquier buzo ansía estar en algún
momento en este lugar, cilindro profundo habitado por tantas
especies que escapan a la imaginación humana. Allí,
me sumergí sin esperar tanta belleza, y de repente
llegó ella y me envolvió con su azul profundo,
con sus formaciones únicas e increíbles; enormes
estalactitas y estalagmitas de más de 10 mts. Estaba
a 45 mts. de profundidad y mi esencia me pedía más...
Mas, como cierre deseo de corazón
transmitirles a mis amigos buzos, quienes podrán entender
y experimentar desde otra óptica más cercana,
mis vivencias en estos buceos, y a los que no lo son, que
conozcan algo más, aunque sea a través de mi,
de este territorio tan ancestral y extraordinario, que hay
debajo del mar. Y así...cumplí una vez más
uno de mis sueños “sentirme parte del mar”.
Y estar acompañada en éste fascinante ritual.
Agradezco desde el "Espacio más Profundo”
de mi corazón a todos aquellos seres acuáticos
que me acompañaron en esta hermosa travesía
y todo lo perteneciente a este lugar tan desconocido por muchos.
Y ahora, gracias a Dios, tan conocido por mí.... |