BUZ-ON
Texto y fotografía: Dr. Rafael Acuña Prats

El rey de los mares
Mi primer encuentro.

 

Por alguna atinada razón las cosas a veces no pasan hasta que te encuentras un poco más preparado para ellas. Desde hace 4 años disfruto las paradisíacas aguas del Caribe Mexicano buceando en los arrecifes que se encuentran entre Isla Mujeres y Cancún como Chitales, Cuevones, Remedios y los que se encuentran ubicados al sur de Punta Nizuc como San Toribio, el Túnel, Gran Pin, Aristos, etc. Durante este tiempo fui adquiriendo confianza acostumbrándome a la fauna del lugar; como las barracudas que en ocasiones emergíamos entre ellas, las cuales cortésmente dividían su grupo para dejar pasar a los extraños seres que soplan ruidosamente burbujas.

Pero siempre me preguntaba: ¿Qué se sentirá estar en presencia y a merced del rey de los mares? del fabuloso incomprendido, difamado y tan temido tiburón. Pero la prueba de fuego no llegaba y fuimos aflojando la mandíbula al morder el regulador y relajándonos.
Llegó el día y todo comenzó de la manera habitual, en este mar que tanto he aprendido a amar. Nos sumergimos con esa maniobra que abre la puerta entre dos mundos, viendo el cielo y cayendo al agua, tomamos la línea de descenso y bajamos lentamente.

A los 15 minutos de iniciada nuestra inmersión y de continuar nuestra casería fotográfica; el guía que estaba al frente se detuvo y de espaldas a mí hizo la señal de alto. Luego vino una cascada de señales; tiburón, todo esta bien, al piso. Recordé las escenas de guerra donde el comando se topa con una patrulla enemiga durante la noche, en los dos casos la misma secuencia de señales: Alto, peligro, silencio, al piso muchachos, y después sigue la tensión donde se escucha respirar al enemigo, sin pestañear para no precipitar una lluvia de balas.

Pero, ¿Dónde estaba? De repente pude ver las inconfundibles aletas, el rey pasó lenta y majestuosamente, casi sin aletear enfrente de nosotros, pude ver la cabeza típica que siembra terror como pocas cosas en los neófitos; aprecio y respeto en los buzos. Mi corazón empezaba a latir con fuerza y comencé a burbujear como alkaseltzer. El escualo continuó lentamente hacia el fondo, como un submarino nuclear sumergiéndose hacia los arrecifes, era un tiburón gris. Pasmado, en trance lo vi descender a 3 mts. de nosotros, contemplándolo y admirándolo.

Un ingeniero naval hubiera aplaudido tanta eficiencia en el diseño y aerodinámica y un capitán de submarino palidecido de envidia por lo silencioso y lo efectivo de sus movimientos. Estábamos en armonía contemplando la cúspide de un verdadero diseño naval en donde el arquitecto había sido la misma de la naturaleza; el encargado de vigilar y limpiar nuestros océanos manteniendo así el delicado equilibrio de las especies y ecosistemas marinos.

Extraña e inauditamente para mí no sentía el miedo que esperaba, sino admiración por esta criatura perfecta, que tantos secretos guarda sobre el control de enfermedades infecciosas y padecimientos oncológicos y que representa la probable cura de enfermedades en un futuro.

Ahí nos quedamos, admirados de tanta belleza, dando gracias a Dios por darnos la oportunidad de armonizar con su naturaleza, belleza inaudita de los arrecifes y de esta maravillosa criatura. Sin pánico, sin salidas abruptas y descontroladas más peligrosas que el tímido tiburón, sin alterar el plan de buceo continuamos los 15 min. restantes sin poder volver a visualizar al rey de los mares, su majestad se había retirado a sus habitaciones y no deseaba ser molestado.

Finalmente logré superar una etapa muy importante, algo que era parte de mis pesadillas, y esto es algo que el buceo nos ofrece; además de conocimientos en biología, física, medicina y ecología nos enseña a controlarnos y relajarnos, a contemplar, admirar y armonizar con la naturaleza. Unos minutos le bastó al rey de los mares para romper prejuicios en mi mente, dentro y fuera del agua y finalmente poder pasar al otro grupo de los buzos que pueden decir: ¿Tiburón?.

¡Ojala que hoy podamos ver uno y armonizar con respecto con el rey de los mares!

 

Para conocer el artículo completo conformado de 4 páginas y todo el
material gráfico que lo ilustra, consulte la edición 80 impresa de Espacio Profundo.

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