BIOLOGIA
Por: Alejandro Salazar

Rémora
Amistad inesperada.

 

Conforme me desplazaba al estar buceando, un pez como de 40 cms de largo y movimiento mucho más ondulatorios que cualquier otro pez, me seguía insistentemente; me di cuenta que este pez carece de su primera aleta dorsal y en su lugar posee una ventosa cefálica que le permite adherirse a la piel de otros peces. Es un comedor oportunista que se alimenta con los sobrantes de la presa que consume su huésped, por lo que seguramente me estaba confundiendo con un pez en busca de alimento.

El desplazarse en un medio tan denso como es el agua, supone un gasto de energía muy importante para un pez; el cual tendrá que ser repuesto mediante una mayor cantidad de alimento y como circulo vicioso, para conseguir una mayor cantidad de alimento, hay que moverse y a veces emigrar a zonas alejadas.

La palabra rémora es una derivación del Latín, “Remorari” que significa demorar, retardar o detenerse en alguna parte; su característica principal es que se adhiere a diversas especies que vivan en latitudes tropicales alrededor del mundo, sin importar que estén en mar abierto, como son los tiburones, rayas manta y tortugas entre otros, sin que éstos puedan hacer nada para evitar su unión. Se adhiere mediante un área aplanada que presenta en la parte superior de su cabeza, la cual forma un disco succionador o ventosa de 15 a 19 laminaciones transversales; permitiendo con esta acción recoger algunos restos de comida; a cambio de ello se dedica a limpiar a su enorme huésped de los crustáceos parásitos que lo infestan.

Mientras es joven, la rémora se alimenta de cuanto parásito encuentran en la piel de sus anfitriones, y por lo tanto también los beneficia; muchas veces no sólo encuentran alimento si no que además dispone de un lugar seguro; por lo que van desplazándose alrededor del cuerpo observándose a veces en el vientre en posición normal o sobre el lomo en donde viajan de cabeza. En estado adulto la boca de la rémora es demasiado grande para tomar los pequeños parásitos, por lo que la mayoría de las 8 variedades de rémoras que existen, suelen abandonar velozmente el cuerpo en donde van adheridos para dirigirse como flechas contra los cardúmenes de peces para obtener el alimento necesario y después regresar.

Los antiguos griegos ya las conocían bien, creían que estos peces poseían el misterioso poder de hacer más lentos sus barcos o incluso detenerlos por completo. Por supuesto que nada de esto era cierto, ellas sólo pretendían viajar sin fatigarse.

¡Interesante pez, no lo crees así!

Imágenes: Iván Salazar

 

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