EXPEDICIONES
Por: Vera Moya Sordo
Fotografías: Jerónimo Avilés Olguín

En el submundo.
A través de "La Barcaza"

 

Partimos en lancha desde el Muelle de la Congeladora Uribe, Municipio de Champotón, Campeche, y fuimos llevados unos 74 Km. mar adentro hacia un sitio conocido por algunos buzos y pescadores locales como La Barcaza. Debajo de nosotros se encontraban los restos de una embarcación que según nos habían contado, años atrás había sido hundida intencionalmente para convertirla en arrecife artificial. Una primera mirada a través del visor desde superficie bastó para descubrir ante nuestros ojos, allá en el fondo, la clara imagen de una inmensa barcaza descansando bajo la claridad de un mar cerúleo. Cualquiera capaz de sorprenderse de las bellezas de la vida en el mar, recibiría esta maravillosa impresión como una invitación a explorar los rincones y estancias que aquél paraje subacuático brinda a los curiosos.

La transparencia y calma de este cuadro espectacular fue ejerciendo sobre nosotros un poder de atracción irresistible. Cada instante que permanecimos sumergidos fue una vibrante entonación de la vida donde nuestras profundas exhalaciones contrastaban con aquella voz reservada que el mar suele articular confusamente. Conforme descendíamos, la luz se transformaba y pronto entramos en un crepúsculo donde persistía un mismo color, un azul evocador que parecía invitarnos a continuar hasta desaparecer en un abismo infinito. Luego, a unos 28 m de profundidad, esta sensación se disipó cuando comenzamos a sentir la pulsación fría de esa capa marina conocida como termoclina. Aquí el líquido se espesa y con ello nuestra visibilidad se tornó menos transparente, menos accesible. Finalmente hacia los 30.5 m llegamos a tocar el fondo arenoso compuesto de partículas muy finas y restos de conchas. Desde esta profundidad, al mirar hacia arriba, ayudada por la luz del sol que atravesaba la superficie desde la distancia como si fuese un cristal, la barcaza proyectaba la lúgubre oscuridad de su larga sombra.


La inmensidad de este barco de fondo plano y casco cuadrado se extiende en cerca de 110 m de eslora y 30 m de manga. A lo largo y ancho de su enormidad se puede explorar el puente de mando (en proa), atravesar el cuarto de máquina y la bodega; recorrer los tramos de escaleras que unen una y otra estancia, incluso deslizarse por arriba de la plataforma de helipuerto hasta llegar a la borda en popa. También se puede traspasar la estructura del brazo o grúa, así como nadar al lado de la oruga a estribor.

Un mundo prodigioso de vida se mueve ahí, donde un sin fin de seres diversos viven incrustados sobre aquel conjunto de metal y fierros, o flotan en ese torrente de fecundidad. Definitivamente en este lugar una alegría salvaje parece reinarlo todo y esta impresión permaneció detrás de nuestros ojos mientras nos aventurábamos entre sus restos. Al terminar ese viaje submarino y aún ahora, la experiencia de explorar La barcaza ha persistido en nuestra memoria dándonos razones de sobra para soñar, anhelando regresar a aquél lugar donde el pulso del mar y su naturaleza prevalecen siempre despiertos; y a pesar de ser un lugar fascinante para la pesca y seductor para el buceo deportivo; así como otras riquezas que el mar ofrece, no se perderá con la insensibilidad destructora del hombre.

¡Ya que cada buceo en este lugar, es una exhalación más de existencia!

 

Para conocer el artículo completo en donde se describe:
la fauna que habita dentro de este pecio, de donde procede la Barcaza
así como todas las imágenes que lo ilustran y
que se encuentra conformado en 3 páginas
Consulte la edición 82 impresa de Espacio Profundo.

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