La inmensidad de este barco de fondo plano y casco cuadrado
se extiende en cerca de 110 m de eslora y 30 m de manga.
A lo largo y ancho de su enormidad se puede explorar el
puente de mando (en proa), atravesar el cuarto de máquina
y la bodega; recorrer los tramos de escaleras que unen una
y otra estancia, incluso deslizarse por arriba de la plataforma
de helipuerto hasta llegar a la borda en popa. También
se puede traspasar la estructura del brazo o grúa,
así como nadar al lado de la oruga a estribor.
Un mundo prodigioso de vida se mueve ahí, donde
un sin fin de seres diversos viven incrustados sobre aquel
conjunto de metal y fierros, o flotan en ese torrente de
fecundidad. Definitivamente en este lugar una alegría
salvaje parece reinarlo todo y esta impresión permaneció
detrás de nuestros ojos mientras nos aventurábamos
entre sus restos. Al terminar ese viaje submarino y aún
ahora, la experiencia de explorar La barcaza ha persistido
en nuestra memoria dándonos razones de sobra para
soñar, anhelando regresar a aquél lugar donde
el pulso del mar y su naturaleza prevalecen siempre despiertos;
y a pesar de ser un lugar fascinante para la pesca y seductor
para el buceo deportivo; así como otras riquezas
que el mar ofrece, no se perderá con la insensibilidad
destructora del hombre.
¡Ya que cada buceo en este
lugar, es una exhalación más de existencia!
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