Según su mecanismo de defensa, podemos dividirlos en aquellos que han adquirido coloraciones dramáticas y llamativas (que aquí llamaremos extrovertidos), aquellos que han logrado que su aspecto asemeje su entorno (introvertidos) y los que se roban las células urticantes de sus alimentos y las usan para defenderse (los ingeniosos).
Los extrovertidos.- Los animales con colores brillantes y patrones distintivos usualmente advierten a sus depredadores que tienen substancias tóxicas. El depredador recordará el sabor de la nauseabunda comida y la relacionará con los colores y patrones para evitarlos en el futuro. A esta característica se le conoce como coloración aposemática. Los químicos tóxicos provienen de sus fuentes de alimento (esponjas, hidroides, corales, aguas malas, tunicados u otros nudibranquios) o son metabolizados por ellos mismos. Los que practican este tipo de defensa son observados arrastrándose sin cobertura ni aparente preocupación sobre piedras, arrecifes y fondos marinos. Estos son los modelos preferidos de fotógrafos y buzos, especialmente al iniciar su carrera debido a que son comunes, visibles y sin dificultad resultan en hermosas fotografías.
Los introvertidos o camuflados.- Estos son las especies de babosas marinas que son extremadamente difíciles de encontrar ya que se confunden con sus alrededores y podemos a su vez clasificarlos en dos categorías: *Los crípticos, que incluyen especies que son prácticamente invisibles en su presa o hábitat pero muy notorios fuera de ellos. Similarmente, los huevos que estos nudibranquios ponen sobre el sustrato se confunden con sus alrededores. *La semejanza especial se refiere a aquellas especies que se parecen a una característica o rasgo particular del sustrato; son difíciles de encontrar y fotografiar; presentan un reto para buzos y fotógrafos experimentados, quienes obtienen la satisfacción de lograr mostrar como este animal ha conseguido a la perfección imitar su hábitat y ser virtualmente invisible.
Los ingeniosos.- A un sub-grupo de nudibranquios se les conoce como “aeólidos” (del dios del viendo Eolos por moverse en armonía con las corrientes y parecer que son movidos por el viento), poseen unas proyecciones alargadas especiales en su cuerpo que les permite un mecanismo de defensa muy original e ingenioso. A través de su sistema digestivo, adquieren y secuestran las células urticantes (nematocistos) de sus presas como anémonas, corales, hidroideos, aguas malas. Utilizan estas células como su propio mecanismo de defensa disparando los nematocistos al sentirse amenazados. También son capaces de autotomizar partes de su cuerpo para distraer a los depredadores y escapar así como las lagartijas se deshacen de su cola.
Al reflexionar sobre el éxito que ha tenido este grupo de animales, que han conquistado todos los hábitats marinos existentes, no podemos sino maravillarnos del poder de la evolución. |